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Tú, a quien los reyes saludaron; quien no rechazó
El único gran placer de días innobles,
Fama sin nombre y gloria sin chimentos,
A quien ningún biógrafo enlodó con alabanzas.
¿Quién dijo de tí "Derrotado"? En la penumbra,
La trinchera donde la luz del candelero nunca llega,
Ni el gran tambor del show de Barnum puede destruir
la quietud vibrante después de todos los tambores.
Aunque el tiempo se avecina en que cada circo yanqui
Utilizará nuestros soldados para su hombre-anuncio,
Cuando el que pague al flautista pedirá la canción,
Tú ya no bailarás. Tú ya no volverás a moverte.
Tú no marcharás por
Fatty Arbuckle,
Aunque aún goza de prensa favorable,
Y es tan tierno cual San Francisco con el Santo
O como todos los ángeles de Los Ángeles.
No podrán tomar el último reducto inconquistado,
El castillo solitario, donde tiene su morada,
impávido y libre, el invicto guerrero innominado
Que por su propia mano venció a la Publicidad.
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